Un chico de 10 años, de brillantes ojos verdes. Piensa mucho y tiene una imaginación desbordante.
Desde pequeño le han dicho que es más lento que los demás, que no puede terminar las cosas en el tiempo que se le marca para realizarlas. Le quitan tiempo de los recreos y de educación física para poder acabar los exámenes. No saben muy bien qué es lo que tiene.
Posee adaptaciones curriculares en casi todas las áreas. Sus compañeros, no entienden porqué parece estar en clase "en el planeta de la morsa".
El sabe que es inteligente y que piensa muchas cosas, las cuales no le dejan decir, por no darle la oportunidad de explicarse, por miedo a que tarde mil siglos o se quede ido media mañana.
Curiosamente, es muy ordenado y se organiza bastante bien. Dice que todo tiene su tiempo y su ritual para que salga perfecto. Y tiene razón.
El otro día, al terminar de hacer la tarea, nos pusimos a hacer un examen de conocimiento del medio. Pensando que él es ordenado y le gustan las cosas bien hechas, se me ocurrió ponerle el cronómetro del móvil, explicándole que de esa forma, él sabría el tiempo que podía tardar y en consecuencia, podría controlarlo y utilizarlo de forma correcta. Le comenté, que segúramente, si lo hacía, el examen lo acabaría en el tiempo que tendría que terminarse, porque él era perfectamente capaz de hacerlo. Marcamos la hora del fin del examen. Sorprendentemente, el chico acabó las preguntas en el tiempo pactado, sin distraerse por mirar el reloj y sin quedarse mirando a un punto fijo, imaginando historias como parece ser que hace siempre.
A la mañana siguiente, tenía un examen de Cono. Quedamos en que se llevara un reloj con cronómetro al examen, y se marcara él inicio y el fin del mismo en función del tiempo que les diese la profesora. Sus padres, escribieron una nota a la tutora, explicándole "nuestro experimento", para que no hubiese malentendidos.
Por primera vez en sus 5 años de primaria, acabó el examen a tiempo, y le salió bien. Salió a su hora al recreo y cuando se lo contaba a sus padres, contento y orgulloso de si mismo, su voz salía seria , a la par que nerviosa, esbozando una tímida sonrisa de satisfacción en cada punto y a parte...
No es bueno a apresurarse a los acontecimientos y hay que ver si en examenes sucesivos el reloj sigue funcionando, aunque todo apunta a que será así.
Hay que tratar de entender que no todo el mundo piensa lo mismo, ni hace las cosas de la misma manera. Hay que buscar la manera que cada uno tiene de forma individual de entender y hacer las cosas. Cada persona, tiene su tiempo biológico de acción y el que no sea paralelo a los demás, no significa a priori que tenga una merma, problema o enfermedad. Y por supuesto no se es más lento por ello. Simplemente, no es SU FORMA de hacerlo.